Ya sé que el año nuevo comenzó hace una semana, pero no me lo he podido tomar realmente en serio hasta que ha llegado este momento: la vuelta a clase.
A nadie le hace especial ilusión, desde luego, pero tampoco queda otra opción. De vuelta a la maravillosa rutina de los días de mierda, clima de mierda, y por desgracia, gente de mierda.
Lo que más me preocupa es desacostumbrarme de la buena vida con mi madre y volver a la vida con mi padre. Por fin vuelvo a estar en mi cuarto, feliz y aislada, a comer fatal porque el recetario de mi padre como mucho suma diez, a poder salir cuando me apetezca y quejarme de todo lo que quiera sin preocuparme por nada. No sé cómo he podido sobrevivir sin todo eso.
No sé ni por qué estoy escribiendo esto, aunque espero que me sirva para refrescar mi conocimiento sobre la lengua española y dejar de aplicar expresiones, decir calcos y alterar el orden de las oraciones según la lengua inglesa. Tengo un serio problema con eso. Lo único que realmente sé es que vuelvo a estar plenamente feliz y enamorada por culpa de un gilipollas que se ha redimido. Después de un largo período de varios meses, siento que las cosas vuelven a estar realmente bien y que somos felices. Eso ayuda mucho a mi bienestar general.
Así que por hoy lo dejo, que me espera mi preciosa cama de matrimonio junto con mi móvil para ponerle las alarmas y volver mañana a mi estupenda y asquerosa rutina.
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